La confesión acerca del carácter privativo de los bienes

Según el artículo 1324 del Código Civil, [para probar entre cónyuges que determinados bienes son propios de uno de ellos, será bastante la confesión del otro].

La regla es aplicable sea cual sea el régimen económico matrimonial, siempre que en él sea posible la existencia de bienes privativos. Su objeto fundamental consiste en desvirtuar las presunciones en cuya virtud se presumen gananciales los bienes existentes en el matrimonio. No obstante, si no es posible acreditar en el régimen de separación a cuál de los cónyuges corresponde el bien, se presume que corresponde a ambos por mitad.

En lo relativo a la confesión, ésta puede referirse a un bien determinado, pero también a la suma de dinero invertida en la adquisición de un bien, en cuyo caso, el carácter privativo que la confesión atribuye a ese dinero tiene como consecuencia que el bien adquirido con él sea también privativo. Cabe recordar, que por sí sola, la confesión no es suficiente para inscribir el bien a nombre del cónyuge beneficiado en el Registro de la Propiedad.

Producida la confesión, el bien deja de ser común, y pasa a ser considerado como propio del cónyuge beneficiado, quien a partir de entonces podrá realizar por si sí solo los actos de administración y disposición, salvo que se trate de la vivienda familiar.

Por último, decir, que la confesión es ineficaz frente a los herederos forzosos, o a los acreedores del cónyuge confesante, o de la comunidad conyugal, pero sólo si resultan perjudicados por ella.

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